RAMADÁN : AYUNO.. Y ¿QUÉ MÁS?

RAMADÁN : AYUNO.. Y ¿QUÉ MÁS?

Ha llegado Ramadán, el mes de la misericordia y de la renovación.

La oportunidad que llevamos esperando todo el año para purificar nuestras almas, fortalecerlas y alimentarlas.

Ayunamos abandonando durante ciertas horas del día la comida y la bebida, es decir, el alimento del cuerpo, con el fin de desintoxicar nuestro organismo y eliminar sustancias nocivas que lo perjudican, como hábitos tóxicos, o simplemente, hábitos alimentarios desequilibrados.

Al igual que cubrimos esas necesidades físicas, durante este sagrado mes también cubrimos nuestras necesidades espirituales que, realmente, son las más importantes en Ramadán.

Ayunamos para desintoxicar nuestras almas, esto es, absteniéndonos de malas obras y de malos pensamientos, dejando de lado determinadas acciones que dañan nuestra integridad o que pueden llegar a suponer una pérdida de tiempo sin proporcionar beneficio alguno, abandonando algunos hábitos, como el consumo excesivo, pasar tiempo ilimitado delante de las pantallas, en redes sociales, etc. Nos deshabituamos de ciertos actos buscando desconectar, y dejando espacio, de esta forma, a otros que llenarían nuestro alma, como la búsqueda del conocimiento y las buenas obras.

Se trata de un mes en el que intentamos ejercitar el autocontrol y la paciencia, aumentar nuestra fuerza de voluntad y, en última instancia, un período en el que ponemos en práctica la autodisciplina.

Alimentar el alma empieza por sentarnos a reflexionar con nosotros mismos, a evaluarnos y a meditar, es decir, emprender una profunda tarea de introspección, con el fin de conocernos mejor y saber dónde están nuestras faltas y dónde reside el déficit, en busca de poder corregirlo y mejorar, elevando nuestras almas, acercándonos y fortaleciendo nuestra relación con el Creador.

Es el momento idóneo para ponernos nuevos propósitos y objetivos espirituales, así como revisar nuestros actos y las listas de propósitos que tenemos pendientes por lograr, como mejorar nuestras relaciones familiares, o aquellas cosas para las que no nos hemos atrevido a dar el paso todavía, como, por ejemplo, ponernos el Hijab. Este mes podría ser nuestra oportunidad.

Además, resulta ser un buen momento para intentar controlar y eliminar de nuestros corazones todos aquellos sentimientos negativos hacia los demás y hacia nosotros mismos, y una excelente ocasión para perdonar las faltas y los errores de los otros, al igual que nos gustaría ser perdonados, consiguiendo así purificar el alma.

En Ramadán, mes en el que se hizo descender el Corán, encontramos diversas fuentes de las que podemos nutrir nuestras almas, como la lectura de las aleyas del Corán y la convivencia con sus significados, la observación de los rezos obligatorios y también voluntarios, acudir a la mezquita las noches de Qiyam (Tarawih), la recitación de las súplicas (Adkar) de la mañana y del atardecer, la contemplación de los atributos de Allah, escuchar charlas y seguir programas que nos aporten beneficios, el agradecimiento por todas las bendiciones de las que estamos rodeados poniéndonos en la piel de los que no las poseen, organizar rupturas del ayuno (Iftar) y compartir, participar en el trabajo voluntario, realizar actos de caridad, reunirnos con nuestra familia y amigos para compartir las adoraciones...

En definitiva, una ocasión especial e irremplazable para renovar tanto el cuerpo como el alma, y alimentarnos tanto física como espiritualmente, encontrando el equilibrio y la paz interior.

 

 

Nourelhouda Boussaid

 

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